
Qué poder de velas en medio de altamar, tienen tus ojos, amor mío. Guían mi barca con más fuerza que el más luminoso de los faros, rugen más fuerte que el mar, me toman, me mecen y no me sueltan por nada.
Feroces vigilantes de mi corazón embravecido, se llenan de mis palabras en las noches y hacen temblar mi cuerpo entero.
Qué fueza tienen tus ojos negros, amor mío, son dos pozos profundos donde caigo sin miedo.
Amado mío, mi mar, mi faro, mi barca y tus ojos bravíos...
Gracias por nunca dejarme ir.
Me agarré de unos versos tuyos, Fernando, para estas letras. Gracias por la inspiración.