
Amor mío:
Estoy en las puertas de un aeropuerto, atestado no sé porqué. Tanta gente, tantos motivos, en medio de una semana laboral. Un grupo de mujeres, de eternas melenas rubias, en todas sus generaciones desde los 15 a los 70, conversan cerca mío, mientras yo pido un café.
He dormido poco, casi nada y esto del aeropuerto para ir en busca de un paciente, era hasta ayer algo desconocido para mí. Siendo honesta, estar de Lunes a Viernes frente a un escritorio, dentro de un box cerrado y monocolor, me causó durante años una ansiedad casi mortuoria, pero de alguna forma me protegió. ¿De qué?, de enfrentarme al cambio, a mis falencias, al mundo que bullía más allá de mi puerta.
En mi viaje de anoche, tu hermano me hablaba de la masonería, de sus teorías y creencias sobre la razón del mundo. Pero de pronto tanta elucubración me parecío algo absurda y mi cabeza comenzó a ver rostros, decenas, cientos, miles, millares, de rostros, de voces, de encuentros y muertes, de catástrofes y milagros, todos sucediéndose al mismo momento que nosotros estábamos allí, todos zumbando como un abejero gigante.Y luego fui más allá y vinieron a mi cabeza los planetas, llenos de toda esta gente y sus sucesos, todos ellos, con sus rotaciones y traslaciones y el zumbido era ahora más profundo, como el sonar de los buques en la bahía de valparaíso. Decenas, miles, millares, cada uno girando en torno al otro. Únicos, indispensables, naciendo y muriendo.
Zumbido, zumbido, música celestial de esta maquinaria perfecta, caos aparente, orden magnífico.De pronto se detuvo el sonido de abejas, de mundos girando, de buques en la bahía. Vi que tu hermano estaba durmiendo, apenas su cabeza apoyada sobre los bolsos de medicamentos en la ambulancia.
Vuelvo a encontrarme en la sala de espera de este aeropuerto, a punto de repetir la travesía.
Que yo esté aquí es parte del funcionamiento del mundo. Nada es por azar. Menos el habernos encontrado.Tú y yo, por ejemplo, a modo de pequeños tornillos dentro de este reloj grandioso. Tú y yo, nuestro amor, es tan fundamental como la rotación de la luna alrededor de la tierra. Tu amor, mi amor, nuestro amor, vida mía, hace rotar el universo.