
La noche ocultó mis pasos. La bruma fresca rodeando los faroles, la calle que susurraba en silencio. El pasto húmedo, la brisa inexistente, el tiempo suspendido. Abrí mi boca para gritar fuerte, pero solo sentí esta opresión bajo mis costillas. Aquí, detenida donde mis pasos acompañaron los tuyos un día. En momentos como estos, mirarse al espejo en un reto, y a los ojos, sin dudarlo, un dolor de aquellos... pero sigo aquí, terca y porfiada, enojada porque no entiendo, porque no te escucho, porque me faltas. Estoy aquí! repito, ruego... pero solo pasa gente enajenada. Estoy aquí, mascullo apenas y ya me saltaron las lágrimas. Sigue la noche sentada a mi lado, pero ya me cuesta ver lo que pasa. Estoy aquí, aullo con la espalda agitada en oleadas de llanto desatado. Pero esto no cambia y ya no logro ver nada. Se alza la noche y pinta de azabache hasta las estrellas, apaga los faroles, me cubre como una manta. Y tras la negra cortina, siento mi corazón golpeando como nunca dentro de mi pecho. Estás aquí, me susurra al oído y caigo en el sueño de un dolor maldito.