
Aquí vamos. Yo y los recuerdos que se agolpan en mis manos. Justo frente al reflejo de tus ojos encendidos. De tu mirada tímida tal vez arrepentida y este montón de miedos. Me mata el amor incendescente, la herida inintencionada, la culpa autoimpuesta. Necesito tu abrazo. No me he rendido, en ningún caso, sigo tan de pie, tan tercamente entera como cuando por primera vez nos desnudamos.
Aquí vamos. Yo y aquello que dejas en mí como el mejor de los regalos. Y yo, simplemente, voy a matarlo. Soy una bestia doliente que te está negando.
No importa lo que suceda, solo recuerda que te he amado.