
En la gloria desarmada de mi cama, donde todos los sentidos se posan sobre tu piel perfecta, el calor que le provocas a este corazón mío, que se agita palpitante ante tu respiración que me enfrenta. La lucidez total del momento, de saberte tan exquisitamente contento, la risa que nos provoca el deseo, el marco idóneo de los sueños, mi abdomen plano donde te imaginas creciendo y te declaras loco y frunces el ceño. Somos dos sentenciados a muerte, la más dichosa del mundo entero. Vamos dando saltos hacia el precipicio, saboreando por adelantado el salto al vacío. Idiotas, embobados, enamorados y anestesiados, celebramos cada encuentro con el alma ondeando como una bandera, desprovistos de corazas, escudos o alguna defensa. Vulnerables y vulnerados por voluntad propia, desquiciados y benditos por esta felicidad enorme de saber que no nos mentimos. Kamikases embelesados, mirándonos a la cara como si el otro fuera el reflejo de todo lo que alguna vez pedimos. Si muero hoy, dijiste, dije, siempre decimos, si muero hoy, sería perfecto.





