
Qué lleno de ruidos tu silencio. Tu risa bien disimulada. Tu abrazo siempre transparente. Tus ojos como una coraza. Estás justo aquí, sin embargo no me miras y para cualquiera eso qué importa, pero tú sabes de lo que hablo.
Tócame. Así como si nada, tus manos inventando un pretexto para escapar de la tentación de aferrarse a mi espalda. Mírame, ya deja la tontería, no me importa quién nos note el arrebato en las mejillas. Acércate, sé que está tan caluroso el día, sé que sabes cómo mi piel se enciende y sé cómo muero por tu piel arriba.
Y en unos minutos te abrazo, me abrazas, nos tratamos tan cordiales y qué ganas de gritarte, qué ganas de gritarte que...Pero es tarde, debo irme. Y dejo estas letras para algún otro maldito día.