Desde el exquisito momento
en que me entregué a tus brazos,
a tu boca, a tu sexo,
supe que nunca nada sería igual.
Supe que no importa lo lejos que me fuera
llegaríamos al mismo lugar.
No pudimos estar juntos,
nos quemamos,
y entendimos temprano
que nuestra historia debía acabar.
Caminamos en sentidos opuestos,
por elección más que por voluntad.
Cuando dos se pertenecen
cerrar los ojos solo sirve para negar,
no desaparezco ni desapareces
y el destino insiste en vernos llegar.
Y ahora dime qué hago
con esta historia que no quiere terminar,
que desobedientes, incoscientes,
nunca debimos comenzar.
nunca debimos comenzar.
Ayúdame,
me rindo,
lo he intentado,
pero no te puedo quitar.
