jueves, 10 de abril de 2008

El guardián de mi espalda


Años


De pronto he envejecido todos los años.

Estoy más huraña. Arrastro un poco los pies. Al espejo noto mis canas. La arruga de la frente ya no se fue. A veces me siento tan cansada. Me duelen las piernas si paso la noche trabajando de pie. Tengo cada vez más sueño. Me despierto temprano, me desespera el desorden, extraño a mis viejos amigos, no intento conocer otros nuevos. Soy terca, testaruda, tozuda y porfiada, mañosa, obscesa, independiente, crítica y reservada. Sonrío menos, confío poco, trabajo siempre, estudio harto. Leo por autores, los libros jamás son demasiados. De la música paso al más abrumador silencio de un solo paso. Tengo cuatro skates y una tabla de surf apoyados en la pared. Un grupo de pesas y elásticos para ejercitar en el escritorio. Una colección de revistas de tatuajes, otra de deportes y otra de viajes. Me hice mi cuarto tatuaje y voy por el quinto. Los comentarios me divierten, las opiniones me interesan poco, la mejor conversación es la que surge de noche con la luz apagada después de hacer el amor.

Ya no quiero cambiar. Y el que a alguien no le guste, a mí me encanta. Mi punkie interno brota en cada trozo de mi ser. Ahora tengo espinas donde antes había piel.

martes, 11 de marzo de 2008

No sé...

... no me acuses de apuntarte con el dedo, de mirarte con descaro, de no querer pensar y aferrarme a tu espalda. Gira el mundo entero y ya lo sabes, amor, no es vivir el dilema, sino saber para qué se está vivo....

Me despido por ratos y regreso apenas....demos algunas vueltas por el mundo, tal vez amanezca en París algún día.

Hasta muy luego.

lunes, 28 de enero de 2008

viernes, 18 de enero de 2008

Dolor




Parecía una vida entera. La noche había pasado de a gotas. Los segundos se sucedían con intranquilizadora calma.
No podía sospechar qué pasaba tras esa puerta.
Todos mis conocimientos en vano.
Tal vez sería más fácil si tuviera un Dios a quién rezarle.
Pero tu frágil cuerpito amenazado me parecía la evidencia más irrefutable que nada así existía.
Temblaba de pies a cabeza cuando intentaba levantarme. Jamás había estado tanto tiempo sin decir palabra. La maldita congoja cual garra feroz atrapando mi garganta. El dolor urente en la boca del estómago, donde creo que debe estar mi alma.
Nunca antes me sentí tan fútil, tan obvia, tan descartable, tan poca cosa.
El dolor me atrapaba y me aplastaba contra la pared.
Te dije lo suficiente, cuánto te amaba?. Te lo repetí mil veces, lo pensaste antes de caer aquí?

El pasillo, los tacos de las enfermeras, el ensordecedor silencio, las voces susurrantes. No se me acerquen, quédense lejos de mí. No me miren, yo tampoco los miro. Justo ahora todo me da lo mismo. No saben que me estoy muriendo aquí.

No sé cómo pasó el día. Siguió mi lengua atorada sin poder emitir sonido. Los ojos vaciós y el dolor empezó a anestesiarme el cuerpo. Solo podía mirarte. Me dejaban unas horas dentro y luego me guiaban hacia fuera. Me quedaba justo allí. Sin moverme ni un centímetro de la puerta. Sin comer sin dormir.

Te cuento, hoy atendí un parto de madrugada. Era un hermoso varón. Lo tenía en mis manos, lo envolví con un paño tibio tras cortar el cordón, lloraba y estaba tan bellamente vivo. Le pregunté a la madre cómo lo llamaría. Ella algo dolorida, pero contenta, me sonrió y dijo "Jesús". Vaya ironía.

viernes, 4 de enero de 2008

Stay

Las estrellas se agolpaban frente a la ventana azul.

Ella estaba sentada frente al vidrio helado. Miraba la noche, sintiendo aún el alborozo de la piel recién despertada. Lobo blanco respiraba profundo al fondo del salón.

"Sabes tú cuánto tiempo llevamos escapando?" preguntó él con voz rasposa.

Lo miró a través del cuarto oscuro. Apenas podía delinear su cuerpo desnudo contra la pared.

Él encendió un cigarro y una luz naranja hizo brillar su boca.
Ella no pudo responder nada.
Él la siguió mirando.

Ella se tocó los brazos. Comenzaba a sentir frío. "Qué te hizo volver", le preguntó trémula. Él se acercó. Se sentó frente a ella. Su rodilla tocando sus muslos. Puso su mano en las piernas de ella. Subió con sus palmas hacia su vientre, siguió por sus pechos, llegó a su boca. La besó. La miró a los ojos, muy cerca, tocando sus narices, sintiendo su aliento tibio. "Te amo".

Ella reclinó su cabeza. Se levantó de improviso. "No quiero más juegos". Se puso sus pantaletas y una polera. Prendió la luz. "Te lo dije, no voy a seguirte. Nunca siquiera preguntaste antes de partir. La verdad, precioso, puedes ir armando tus cosas. Yo me quedo aquí."

Cuando encendió un cigarro, él se acercó de nuevo.
Ella notó en sus ojos fieros el hielo perturbador de la determinación.
"Yo no me voy a ningún lado".

Calló unos segundos. "Recuerdas esa mañana, tantas mañanas atrás.... llorábamos los dos, te bañaba yo a ti, me lavabas tú a mí. Recuerdas tu cabello tan largo, lo espumaste en shampú, te arrodillaste frente a mí y lavaste mis pies, mis piernas, mi sexo, mi pecho, mis axilas, mis brazos, mi cara y luego nos hundimos en el chorro de agua tibia e hicimos el amor?". Ella ya no sentía las piernas. Él tocó su pelo, hundió sus dedos y tiró un poco. "Tú eres mía". La miró de frente, hundiendo su mirada en los ojos algo temerosos de ella. Él le tomó sus pequeñas manos, las puso en su pecho agitado. "Todo lo que hay acá fuera y allí dentro, te pertenece. Era solo un bosquejo hasta que llegaron tus manos a terminarme. "

"Yo no me voy a ningún lado. Me quedo justo aquí".

lunes, 24 de diciembre de 2007

Bosque y Mar





Estoy en cuenta regresiva.
Cerrando ciclos y botando lo innecesario.
No quiero más cruces. Ya las he cargado largo rato.
Pero encontré amigos....
y me han hecho tanto bien. Me han acompañado tanto....que si me refiero a Ustedes? Por supuesto!. Tanta ira y rabia no me cabía en el cuerpo, así que grité en estas páginas navegantes.
Que dejado de luchar contra las tormentas. Dejo el timón y me distraigo un rato. Ya sé para dónde van las estrellas. Solo las sigo con mi olfato.
No sé qué continente me depara, pero sé que he crecido en el viaje.
Así que gracias por la compañía. No me iré, pero me daré algunos plazos.
Mil besos.
Más abrazos.
La peor...