lunes, 28 de enero de 2008

viernes, 18 de enero de 2008

Dolor




Parecía una vida entera. La noche había pasado de a gotas. Los segundos se sucedían con intranquilizadora calma.
No podía sospechar qué pasaba tras esa puerta.
Todos mis conocimientos en vano.
Tal vez sería más fácil si tuviera un Dios a quién rezarle.
Pero tu frágil cuerpito amenazado me parecía la evidencia más irrefutable que nada así existía.
Temblaba de pies a cabeza cuando intentaba levantarme. Jamás había estado tanto tiempo sin decir palabra. La maldita congoja cual garra feroz atrapando mi garganta. El dolor urente en la boca del estómago, donde creo que debe estar mi alma.
Nunca antes me sentí tan fútil, tan obvia, tan descartable, tan poca cosa.
El dolor me atrapaba y me aplastaba contra la pared.
Te dije lo suficiente, cuánto te amaba?. Te lo repetí mil veces, lo pensaste antes de caer aquí?

El pasillo, los tacos de las enfermeras, el ensordecedor silencio, las voces susurrantes. No se me acerquen, quédense lejos de mí. No me miren, yo tampoco los miro. Justo ahora todo me da lo mismo. No saben que me estoy muriendo aquí.

No sé cómo pasó el día. Siguió mi lengua atorada sin poder emitir sonido. Los ojos vaciós y el dolor empezó a anestesiarme el cuerpo. Solo podía mirarte. Me dejaban unas horas dentro y luego me guiaban hacia fuera. Me quedaba justo allí. Sin moverme ni un centímetro de la puerta. Sin comer sin dormir.

Te cuento, hoy atendí un parto de madrugada. Era un hermoso varón. Lo tenía en mis manos, lo envolví con un paño tibio tras cortar el cordón, lloraba y estaba tan bellamente vivo. Le pregunté a la madre cómo lo llamaría. Ella algo dolorida, pero contenta, me sonrió y dijo "Jesús". Vaya ironía.

viernes, 4 de enero de 2008

Stay

Las estrellas se agolpaban frente a la ventana azul.

Ella estaba sentada frente al vidrio helado. Miraba la noche, sintiendo aún el alborozo de la piel recién despertada. Lobo blanco respiraba profundo al fondo del salón.

"Sabes tú cuánto tiempo llevamos escapando?" preguntó él con voz rasposa.

Lo miró a través del cuarto oscuro. Apenas podía delinear su cuerpo desnudo contra la pared.

Él encendió un cigarro y una luz naranja hizo brillar su boca.
Ella no pudo responder nada.
Él la siguió mirando.

Ella se tocó los brazos. Comenzaba a sentir frío. "Qué te hizo volver", le preguntó trémula. Él se acercó. Se sentó frente a ella. Su rodilla tocando sus muslos. Puso su mano en las piernas de ella. Subió con sus palmas hacia su vientre, siguió por sus pechos, llegó a su boca. La besó. La miró a los ojos, muy cerca, tocando sus narices, sintiendo su aliento tibio. "Te amo".

Ella reclinó su cabeza. Se levantó de improviso. "No quiero más juegos". Se puso sus pantaletas y una polera. Prendió la luz. "Te lo dije, no voy a seguirte. Nunca siquiera preguntaste antes de partir. La verdad, precioso, puedes ir armando tus cosas. Yo me quedo aquí."

Cuando encendió un cigarro, él se acercó de nuevo.
Ella notó en sus ojos fieros el hielo perturbador de la determinación.
"Yo no me voy a ningún lado".

Calló unos segundos. "Recuerdas esa mañana, tantas mañanas atrás.... llorábamos los dos, te bañaba yo a ti, me lavabas tú a mí. Recuerdas tu cabello tan largo, lo espumaste en shampú, te arrodillaste frente a mí y lavaste mis pies, mis piernas, mi sexo, mi pecho, mis axilas, mis brazos, mi cara y luego nos hundimos en el chorro de agua tibia e hicimos el amor?". Ella ya no sentía las piernas. Él tocó su pelo, hundió sus dedos y tiró un poco. "Tú eres mía". La miró de frente, hundiendo su mirada en los ojos algo temerosos de ella. Él le tomó sus pequeñas manos, las puso en su pecho agitado. "Todo lo que hay acá fuera y allí dentro, te pertenece. Era solo un bosquejo hasta que llegaron tus manos a terminarme. "

"Yo no me voy a ningún lado. Me quedo justo aquí".

lunes, 24 de diciembre de 2007

Bosque y Mar





Estoy en cuenta regresiva.
Cerrando ciclos y botando lo innecesario.
No quiero más cruces. Ya las he cargado largo rato.
Pero encontré amigos....
y me han hecho tanto bien. Me han acompañado tanto....que si me refiero a Ustedes? Por supuesto!. Tanta ira y rabia no me cabía en el cuerpo, así que grité en estas páginas navegantes.
Que dejado de luchar contra las tormentas. Dejo el timón y me distraigo un rato. Ya sé para dónde van las estrellas. Solo las sigo con mi olfato.
No sé qué continente me depara, pero sé que he crecido en el viaje.
Así que gracias por la compañía. No me iré, pero me daré algunos plazos.
Mil besos.
Más abrazos.
La peor...

miércoles, 19 de diciembre de 2007

En el nombre de María


Soy la primera María de una tercera generación de " Tres Marías".
María Graciela, María Teresa, María Josefina, María Guacolda, María Gabriela, María Clementina, María Carolina, María Rosario... y yo.
El comentario de Álvaro esa noche me provocó un ataque de risa. Ambos asiduos lectores y fans de Jodorowsky, lo pudimos entender en un segundo. Con cara de circunstancia me miró a los ojos y me dijo "mi segundo nombre es José". Carcajadas, suspiro, sonrisa. Al menos las cosas quedaban claras desde el minuto cero. Nunca íbamos a ser amantes.
Mi gran osadía a sido rebelarme a la carga del nombre con el cual me bautizaron. Madre ignorada, esposa repudiada, virgen, frígida, doliente, hasta esclava, enamorada y puta del hijo de Dios. No Señor.
Tras mis años de anorexia a los 14 años, recuperé el instinto animal de a poco. Transformada en una bruja maldita, mi deseo inconsciente era dañar al sexo opuesto. Jugar con sus nobles sentimientos. Exponerlos al dolor. Justos por pecadores. Todo aquello sagrado para la sociedad era motivo de mi hilaridad y desprecio. Llámese religión, costumbres, familia.
La rebelión llevó el nombre de Marcel. El punketa más estiloso de Conce. Casi dos metros de hombre de voz ronca, se rapaba el pelo por abajo y arriba quedaba su largo y liso cabello negro, brillante como los dibujos animados. Le adoraba. El día que me eligió, me tomó de la cintura, me apretó contra él y bailamos frente a todos sus amigos un desgastado "Angie" cantado por los Stones. Con Faith no More, Ramones,Sex Pistols y The Clash como soundtracks, recorrimos calles, dormimos siestas grupales, entramos a lugares prohibidos, marcamos nuestros nombres en el cemento fresco, robamos señaléticas, nos arrancamos de casa y nos grabábamos con una handycam. Marcel nunca me llamó por mi nombre. Él me bautizó como Angie y así me llamaba el grupo entero.
El impulso inconsciente de dejarlo todo, de alejar al mundo, de evadir al amor. De reirme en su cara de todos los bienintencionados. De cortar todas mis faldas y lijar mis jeans. De dañar a quienes me han hecho daño. De quebrar las convenciones sociales. De no estar. Creo que tienen su base en el temprano descubrimiento de la mentira de la gente y la estupidez de los dogmas, de la religión y las leyes.
Tengo un alma llena de rabia.
Tengo la pasión a flor de piel.
Mala combinación para cualquiera.
Quédense un paso atrás.
En nombre de María.
Amén.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Sentencia


Te espero con esta impaciencia insoportable, que torna mis incontenibles días en súbitas tempestades. Ansiosa porque llegues a mí, porque te desates en mí. Como una ola, como la noche. Sentirte en mí, arrebatándome el fuego, el tuyo. Robándome los ojos, quebrando mi terca espalda. Profanando mi escondite, mi vida, mi vientre. Sabiendo que ante tu presencia se rinden mis armas, arden mis velas, se queman los navíos y no existe , como no existió nunca, una vuelta atrás.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Invitación



Alguna vez leí por ahí a alguien arrepentirse por haber quebrado alguna regla del mundo blogístico. Aún no sé nada sobre esas reglas y no sé si de verdad existan.
But here is the thing.
Me escribo por mail con Fer el navegante y no descarto pasar a molestarlo si el próximo año vuelvo a cruzar la cordillera. Acabo de dejar a Álvaro al terminal y ha sido impensadamente tan natural y rico pasar algunas horas conversando y riéndome con él.
¿Estoy infringiendo alguna norma?
Porque si esto me torna en una infractora, considérenme una oveja negra.
Sabes, Mentecato, hay loros verdes en plazas cerca de mi casa. Feliz nos paseamos hasta encontrar unos cuantos para hacerte un sombrero.
Júbilo, cuéntame las historias de Jodo antenoche, adoro el caramel machiatto, qué te parece si vamos por uno y preparamos Brownies de arandanos.
Claudio, ya sabes que la vida no es de negro, vamos por colores a Santa Juana, la cordillera de Nahuelbuta, a la desembocadura del Bío Bío.
Carlos, sé que estás lejos, pero escribe a mi mail y podemos compartir los miedos y los sueños.
Kiantei, llevo té chai a tu guarida. Quiero escuchar la historia de cuándo reconociste a Mentecato entre la multitud.
Es tan bueno ver sus escritos y sentirme afortunada de que meredeen los míos. Pero se vuelve aún mejor si puedo recordar un abrazo sincero como el que le dí a Álvaro antes de subirse al bus.
Las puertas están abiertas.