
Soy la primera María de una tercera generación de " Tres Marías".
María Graciela, María Teresa, María Josefina, María Guacolda, María Gabriela, María Clementina, María Carolina, María Rosario... y yo.
El comentario de Álvaro esa noche me provocó un ataque de risa. Ambos asiduos lectores y fans de Jodorowsky, lo pudimos entender en un segundo. Con cara de circunstancia me miró a los ojos y me dijo "mi segundo nombre es José". Carcajadas, suspiro, sonrisa. Al menos las cosas quedaban claras desde el minuto cero. Nunca íbamos a ser amantes.
Mi gran osadía a sido rebelarme a la carga del nombre con el cual me bautizaron. Madre ignorada, esposa repudiada, virgen, frígida, doliente, hasta esclava, enamorada y puta del hijo de Dios. No Señor.
Tras mis años de anorexia a los 14 años, recuperé el instinto animal de a poco. Transformada en una bruja maldita, mi deseo inconsciente era dañar al sexo opuesto. Jugar con sus nobles sentimientos. Exponerlos al dolor. Justos por pecadores. Todo aquello sagrado para la sociedad era motivo de mi hilaridad y desprecio. Llámese religión, costumbres, familia.
La rebelión llevó el nombre de Marcel. El punketa más estiloso de Conce. Casi dos metros de hombre de voz ronca, se rapaba el pelo por abajo y arriba quedaba su largo y liso cabello negro, brillante como los dibujos animados. Le adoraba. El día que me eligió, me tomó de la cintura, me apretó contra él y bailamos frente a todos sus amigos un desgastado "Angie" cantado por los Stones. Con Faith no More, Ramones,Sex Pistols y The Clash como soundtracks, recorrimos calles, dormimos siestas grupales, entramos a lugares prohibidos, marcamos nuestros nombres en el cemento fresco, robamos señaléticas, nos arrancamos de casa y nos grabábamos con una handycam. Marcel nunca me llamó por mi nombre. Él me bautizó como Angie y así me llamaba el grupo entero.
El impulso inconsciente de dejarlo todo, de alejar al mundo, de evadir al amor. De reirme en su cara de todos los bienintencionados. De cortar todas mis faldas y lijar mis jeans. De dañar a quienes me han hecho daño. De quebrar las convenciones sociales. De no estar. Creo que tienen su base en el temprano descubrimiento de la mentira de la gente y la estupidez de los dogmas, de la religión y las leyes.
Tengo un alma llena de rabia.
Tengo la pasión a flor de piel.
Mala combinación para cualquiera.
Quédense un paso atrás.
En nombre de María.
Amén.