Soyen alguna parte entre la cama deshecha de mi infancia y la boca entreabierta de Max al dormir. Se me vislumbra apenas en la punta de los dedos de mi primer amor, desde donde siguen las huellas hasta la cocina de mi madre. Mi voz comienza desde tu boca, cruza raudo el cerro Ñielol y cae rotunda en la desembocadra del BíoBío. La piel la tomé de las arenas de Leblon en Río, la lavé a orillas del río Cautín, la perfumé entre los bosques del Amazonas y la pinté de pequeñas estrellas oscuras robadas de las cuevas volcánicas del Villarrica. Del mar que me desarma tomé prestadas mareas para colgar en mis ojos, del infierno mismo que es mi tristeza innata surgió mi alma y de puro enamorada me crecieron alas.
Soy
una niña malcriada, una gata siempre en celo, una mujer que no te necesita, una amante que te clama, tu demonio, tu cruz.
Soy
algo que brotó espontáneo entre el musgo de las rocas del río y el sol del primer amanecer del mundo.





