
Y cómo hacer que aparezcas sin preguntar nada, sin letreros ni consignas ni promesas ni culpas ni reclamos ni días que faltaron o noches que no fueron con el mar mirándonos afuera. Cómo sigo caminando si recuerdo tu sonrisa endiablada tu risa de niño el mareo en plena calle las mejillas sonrosadas, para para un poco me decías y aún no conteníamos la respiración agitada. Cómo vuelvo a mirar esa calle, los oleos, los ventanales preciosos, los espejos labrados, la señora feliz conversando , tus comentarios mientras investigabas todo con la curiosidad clara y transparente, con tus manos inquietas por los rincones.
Sabes que en el pequeño mundo, en el breve espacio, en la fugaz sorpresa, teníamos un mundo entero. Y aunque nunca fue de nadie, ni tampoco tuvimos dueño, tal vez por lo mismo nunca nada fue tan mío y tan tuyo.





