
Café Mosqueto.
Solo unas pocas palabras antes.
Apenas una fotografía. y tus escritos. y los míos. dios se apiade.
Cómo pude reconocerte si nunca te había visto. Te sentaste frente a mí.
No sé si nos saludamos. Creo que fue una mueca entre la sonrisa y el miedo.
Nos sostuvimos la mirada un momento.
"Sabes", dijiste, "esto es un error...no recuerdo haberme sentido así antes. Desencajado."
"Tal vez tienes razón", susurré. Y me tomaste la mano.
"Tengo...." , alcanzaste a decir, pero te tapé la boca.
"No quiero saber", dije y destapé tu boca, "dejémoslo así." Me puse de pie y salí caminando. Doblando la esquina sentí que atrapabas mi muñeca y te pusiste frente a mí. Tu respiración rápida, tu aliento en mi boca. No dices nada." Vamos", te digo, "y acabemos con este juego de una vez."
Cerramos la puerta y me atrapaste contra ella. Tus manos temblaban, se inscrustaban tus uñas en mi espalda, en mis muslos.Enredé mis dedos en tu pelo y lo jalé con fuerza. Me tiraste sobre la cama y nos desvestimos con rabia. Te besé, mordí y arañé, y tú gemías y me apretabas con fuerza para que yo gritara. Acabamos agotados. Yo sobre tí y tú tapándote la cara.
Me senté el borde de la cama. "Vete, date una ducha"- dije- "llega luego a tu casa. "
"Magda...", intestaste hablar . "Cállate, por favor" , te pedí, "yo me quedaré un rato".
Cuando ya te habías vestido, evitando mirarme, te volviste hacia mí. Te sonreí. "Se acabó el juego", sentencié. Callaste de nuevo. Me besaste. Te fuiste mordiendo la boca.
Llamé a recepción. "Tienen el número de algún taxi cercano?", pregunté. "Sí, si quiere se lo pedimos nosotros, para qué hora?". Por primera vez miré la pieza. Grande, linda, cama alba, rosas en el velador y una botella de champagne dentro de un balde metálico con hielo, ni siquiera abierta. En el baño una tina enorme ,de esas antiguas, y un frasco de sales al lado. "Mmm...", dije sonriendo, "para dos horas más, por favor".