
Solo que esta vez no me dejaré morder el cuello, solo retiraré mi máscara para ti, amor, para el único que me descubrió. Y me vas a tomar por debajo de la falda con los dedos -garras fieras -boca tiburona- felina. Entero te colas por debajo y me lames y bebes, casi mordiendo, mis jugos y sabores. Y te apareces nuevamente ante mí y me llevas de la mano, corriendo raudo a través del bosque, mientras va oscureciendo y solo siento mi nariz helada, que devora el olor de los jazmines y los botones de las rosas. Y hay tantos árboles, cielo mío, y corremos y me hablas sobre algunos y apenas logro atraerte hacia este boldo y rompo unas hojas en tu mano y lo hueles. Mmm qué rico, dices y sigues corriendo. Aquí, me dices y paras en seco, frente a los alcornoques, el suelo está tapizado de verde mullido y comienza a caer una garuga liviana y nos hacemos uno. Abro mis piernas y hay tanta agua dulce y tanto bosque y tú, hombre mar, amante furioso de tu mujer de árbol y lagos, te clavas en mí, llenas mis fiordos, aleluya, tu boca llenando en una cascada deliciosa mi boca que te recibe. Ven, dame, vuélcate a mí por entero, ven a tu mar abierto grande y poderoso, que recibirás la desembocadura del río de mi sexo, de mis ansias, de mis bosques.





